jueves, 19 de julio de 2007

Irak: La Guerra del Queso.



Nos sorprendió escuchar en un documental filmado por soldados norte americanos sobre la guerra de Irak, que ellos la llamaban la guerra del queso.

Para muchos de esos soldados la guerra consiste en escoltar los convoyes de camiones, entre los que naturalmente se encuentran los que transportan el petróleo que saquean de Irak, pero también otros de un contenido más curioso: los ingredientes de las hamburguesas que ellos mismos se comen, entre ellos: queso.



Definitivamente morir, escoltando un camión de queso se aleja mucho de su vocación “heroica” de policías del mundo.

Es por ello que ellos mismos la llaman la guerra del queso, concientes de que todo es un negocio y de que es solo por dinero. A ellos les pagan por estar allí mientras otros se enriquecen por que ellos estén allí.

La guerra es todo un negocio. El gran beneficiario: Richard B. Cheney, vicepresidente de los Estados Unidos y director de Halliburton entre los años 1995 y 2000.



Halliburton es el primer proveedor mundial de petróleo (capital: 12,5 mil millones de euros), seguido por Schlumberger (capital: 10 mil millones de euros); Es natural que éste vicepresidente, ex director de dicha empresa, lanzara a su depredadora nación en una guerra por petróleo.

Pero la empresa también se encarga de la logística de la guerra; de la construcción de bases y caminos y hasta de la lavandería. Todo esto es un lucrativo negocio.

La empresa Kellogg Brown and Root (KBR), filial de Halliburton es la encargada de la distribución de las comidas en el ejercito.



La empresa hace grandes sumas de dinero con la logística de la guerra, para esa empresa la cosa es simple: le conviene que hayan guerras para tener un ejército que alimentar y una logística que cubrir.

El Carlyle Group, primer gestor mundial de valores financieros y fondos de inversión, es la principal beneficiaria de la venta de armas (el capitalismo y la guerra de la mano) y junto con Halliburton se encargan de las telecomunicaciones.

Entre los accionistas del Carlyle Group hay nombres que nos pueden ser tan familiares como George Bush padre o Bin Laden.

Para estos consorcios la guerra termina siendo una cosa de pagarse a sí mismos y quedarse con el vuelto, para los soldados en cambio, consiste en viajar hasta un remoto país para que te ataquen mientras proteges tu propia comida para que otros se enriquezcan con las balas que gastas, la comida que te comes y el petróleo que te robas; sirviendo así de sostén del obsceno sistema capitalista.

Para los iraquíes la cosa es aún más simple: Defenderse de los invasores y saqueadores, de esos usurpadores y mercenarios.

La guerra es un negocio tan redondo como esa generación de obesos que espera a los soldados en casa, esa “generación de queso” que el capitalismo con sus excesos, banalidades y modo de vida generan.