jueves, 8 de marzo de 2007

ANARQUISMO Y FEMINISMO: EMMA GOLDMAN Y LA "MUJER NUEVA".


Emma Goldman amó a muchos hombres. A lo largo de su prolífica vida tuvo muchos amantes y siempre supo expresarse de ellos con gratitud y gentileza. Pero eso no implicó nunca que dejara de tener hacia ellos, una actitud maternal, la que no siempre fue bien recibida por algunos de sus compañeros de lucha o de alcoba. Por eso es tan fácil sostener que el feminismo de Emma Goldman está totalmente articulado a su visión de la vida. Nunca fue una pose política o una mascarada liberadora, que promoviera la defensa de algunos valores y a otros los dejara como estaban.

Cuando critica al estado soviético lo hace de forma integral, no por partes. Y esas críticas por ejemplo incluyen la condición de la mujer, de la familia, del matrimonio, del amor libre y de los niños. Todos aspectos ligeramente modificados por los bolcheviques, quienes a veces encontraron muy duro desprenderse de la plataforma dejada por los Zares en lo que respecta a las relaciones de pareja, a las condiciones de género y a la discriminación de las minorías, como los homosexuales, a los que Lenin y los suyos persiguieron de una forma feroz.

Emma Goldman reflexionó mucho sobre la "mujer nueva", y algunas de sus afirmaciones no fueron muy bien recibidas; tal vez mal comprendidas, debido a lo avanzado de sus propuestas, que ni los mismos miembros de su comunidad religiosa, los judíos, entendían o aceptaban por completo. Para un grueso importante de la intelectualidad migrante norteamericana de los años veinte y treinta, la revolución rusa representaba un avance tangible hacia los ideales por los que habían luchado muchos años. Sobre todo por las mujeres, dicha revolución fue recibida con mucho calor y expectativas.

No olvidemos que Emma Goldman había nacido (1869) en la provincia de Kovno (Lituania) en Rusia, y que su ascendencia judía sería un ingrediente fundamental para comprender su enorme capacidad de lucha y de espíritu solidario. Recibió una educación de fuertes raíces eslavas y alemanas, entre las provincias de Kurlandia y Köenigsberg en la Prusia Oriental. Entre los trece años y los diecisiete trabajó en distintas fábricas en San Petersburgo, hasta que en 1885 decidió trasladarse a los Estados Unidos con su hermana Helena, un apoyo emocional decisivo por el resto de su existencia.

Después de la masacre de Chicago de 1887 la mujer se vinculó de lleno con el mundo del pensamiento y de las acciones del anarquismo norteamericano. Ahí entró en contacto con figuras notables como Alexander (Sasha) Berkman (1870-1936) y Johan Most (1846-1906), quienes jugarían un papel fundamental en su vida. Entre 1889 y 1919 Emma Goldman se dedicó a realizar una labor incansable de propagandista por varios estados de la unión americana, ejerció como enfermera, estuvo presa en diversas ocasiones por sospechas de conspiración, pero siempre se hizo presente en los debates teóricos y metodológicos más importantes del anarquismo de la época. Publicó una serie muy valiosa de ensayos críticos sobre el drama contemporáneo, pues sostenía que en él estaban en gran parte las ideas políticas más relevantes de la primera parte del siglo.

Entre 1920 y 1921 estuvo en Rusia, donde quiso presenciar de cerca los supuestos cambios que traería consigo la revolución bolchevique, un viaje producto mayormente de su deportación de los Estados Unidos, a raíz del constante acoso que la policía ejercía sobre ella por sospechas de asociación ilícita para conspirar. Los años de 1922 a 1928 fueron dedicados a la redacción de uno de sus libros más importantes, Viviendo mi vida, sin el cual difícilmente comprenderíamos algunas de sus preocupaciones y de sus sueños más apreciados.

Pero los afanes de Emma Goldman sobre el papel que las mujeres deberían jugar en la construcción de la nueva sociedad serán muy difíciles de ponderar en su justa medida, si nos desprendemos del contexto en el que ella tuvo que vivir y pelear. Es más, algunas de sus ideas críticas sobre los fracasos de la revolución bolchevique para devolverles la libertad a las mujeres son el producto, no tanto de sus intensas y profundas lecturas, como de su experiencia personal. Su padre, Abraham Goldman, quiso casarla a la edad de quince años, y en esa ocasión su rechazo rotundo al intento sentó el precedente de lo que sería la vida de Emma, repleta de luchas y controversias por defender los derechos de la mujer a involucrarse con quien realmente amara.



Emma Goldman es una pensadora visionaria y de una considerable potencia premonintoria, pues muchas de sus ideas y de sus propuestas de los años veintes y treintas serían todavía motivo de discusión y conflicto en los años ochentas y noventas. Para ella era imposible una sociedad libre y verdaderamente humana, si el estado iba a seguir en control de los aspectos fundamentales del desarrollo de una persona. Sobre todo cuando se trataba de las mujeres. A este respecto podemos agrupar las ideas de Goldman en tres grandes temas:
1. El matrimonio.
2. Los niños.
3. El aborto.

Siempre creyó que el matrimonio era una desgracia, no sólo para las mujeres sino también para los hombres. Para ella, no existía ninguna relación posible entre el matrimonio y el amor. Su razonamiento partía de la base de que aquella institución estaba concebida para sacrificar a las mujeres en el altar de la maternidad, y para estrangular toda posibilidad de independencia y de creatividad personal en ellas. El matrimonio había sido ideado por los dos grandes monstruos de la sociedad contemporánea: el estado y la religión. Solamente cuando los hombres y las mujeres entendieran al fin que una pareja debía unirse con el único propósito de crecer juntos en todos los terrenos posibles, sería posible remontar los objetivos sordidos para los cuales la sociedad burguesa había inventado el matrimonio.

El cuido de la prole y las atenciones a la perentoriedad sexual de la pareja, en este caso del varón, parecían ser los fundamentos sobre los cuales reposaba la idea del matrimonio. La reproducción de la fuerza de trabajo, de los soldados y de los empleados que necesitaba la maquinaria estatal, hacían que la labor maternal de la mujer adquiriera un sentido casi heroico. En este caso, el matrimonio estaba más que justificado. Sobre todo cuando la religión encontraba en los instintos naturales de los seres humanos algo asqueroso y repugnante. A la mujer en particular, le estaba vedado el disfrute pleno de su cuerpo, pues no le pertenecía ni a su compañero, ya que en última instancia quien decidía el propósito de la maternidad era el estado. El varón por su lado, era cómplice con el estado de la expoliación que se hacía con el cuerpo de la mujer. En este asunto la conspiración no podía ser más completa. El aborto, de esta manera, tendría que ser prohibido de forma rotunda, pues contradecía los basamentos éticos de la tradición judeo-crisitiana, los cuales indicaban que el propósito esencial para el cual las mujeres habían venido al mundo era para ser madres.



En muchas ocasiones Emma Goldman tuvo que ser sacada de los salones de conferencias y de algunos "mitines" acompañada por la policía, pues sus puntos de vista resultaban intolerables para la "sociedad puritana" como ella la llamaba. Promover y defender el aborto, significaba indicarle al estado burgués que el cuerpo le pertenecía a las mujeres y que podían hacer con él lo que les viniera en gana. Era decirle al pueblo culto y civilizado que traer hijos al mundo, educarlos y atenderlos como verdaderos seres humanos, implicaba sustancialmente la toma de una decisión consciente y responsible por parte de la pareja o de la persona interesada en dicho proyecto, no del estado o de alguna iglesia que predicara la maternidad como una función al servicio de la sociedad civil.

Cuando Emma Goldman habló de la "mujer nueva",siempre nos invitó a ver más allá de lo que nos tienen acostumbrados los procedimientos convencionales para analizar y comprender el papel la mujer en la sociedad civil. Ella creía que la lucha por la liberación del amor, los sentimientos y las emociones, pasaba por la destrucción del estado. Su lucha incondicional por la más absoluta y total libertad, en materia de derechos civiles, sexuales, culturales y personales llegó a veces a profundidades que muchos intelectuales anarquistas de la época no lograron comprender en su totalidad.

Con frecuencia se opuso a que las mujeres se entregaran tanto en la conquista del derecho a votar. La dedicación y la pasión que se había puesto en esta batalla, decía ella, no era proporcional a los resultados que se esperaba obtener. Las sufragistas le parecían damas de la buena sociedad creyendo que con la obtención del voto, podrían superar a los hombres y mejorar la sociedad y la civilización ahí donde ellos habían fallado tan estrepitosamente durante los últimos dos mil quinientos años. Las obsesiones parlamentaristas le parecían ridículas e inútiles, ya procedieran de hombres o mujeres por igual.

El sufragismo le parecía estéril si con él no venía una modificación sustancial en el sitio ocupado por las mujeres en la sociedad burguesa. El voto sólo les permitiría hermanarse con los hombres en la explotación salarial de que éstos eran víctimas, sin cambiar o eliminar en el fondo la verdadera raíz de aquella: la sociedad capitalista y el estado burgués. La emancipación de las mujeres en estos casos evocaba para Emma Goldman, un ajuste en la situación civil que dejaba intactas la humillación, la mercantilización y la opresión de que habían sido objeto por siglos. El voto no cambiaba para nada dicho panorama.



En la nueva sociedad que soñaban Emma Goldman y muchos otros anarquistas como ella, la mujer nueva sería capaz de tomar sus propias decisiones, concernieran éstas a su vida personal o civil. Sus elecciones sexuales vendrían motivadas por una perfecta salud espiritual y física donde sólo fueran válidos el amor y el placer. La maternidad en este caso, sería también una elección libremente escogida. Ni el estado ni la religión decidirían sobre un asunto que pertenecería a la más absoluta y responsible libertad personal.

La labor de propagandista y de promotora de los derechos civiles y personales de las mujeres, llevó a Emma Goldman a viajar mucho. Sus frecuentes viajes a Europa y a todo lo largo y ancho de los Estados Unidos, le granjearon una fama útil pero muy peligrosa al mismo tiempo. Entre 1906 y 1918 la editorial, la revista y el boletín Mother Earth (Madre Tierra), encargadas de distribuir material impreso, y de promover los principios más preciados del anarquismo, fue blanco constante del acoso y la irrespetuosa actitud de la policía norteamericana. Incautación regular de algunos de los números publicados, encarcelamiento de Emma y otros miembros del personal, así como las amenazas permanentes de deportación fueron los recursos utilizados por una policía corrupta y feroz, que siempre encontró en estos notables luchadores a idealistas dispuestos a todo con tal de hacerse oir.

Esa mojigatería política y cultural estuvieron disciplinadamente bajo el fuego de la mordacidad analítica de Emma Goldman y sus compañeros. Sus agudas críticas al patriotismo, al puritanismo, a la persecución de las minorías, y a la subestimación de las luchas civiles de las mujeres por razones sexuales, la convirtieron en una figura atractiva y relevante pero muy peligrosa del escenario político norteamericano de la primera parte de este siglo. La tragedia de la emancipación de la mujer moderna, decía Emma Goldman, radicaba en que ahora ella podía escoger su profesión, su horario de trabajo, y finalmente sus condiciones de explotación. Con triste ironía podía notarse que, después de una larga jornada de trabajo en la fábrica, en la oficina o en la mina, la mujer emancipada tenía que continuar sus labores en la casa, donde la esperaban sus hijos, su marido, sus hermanos y todos aquellos que argumentaban y defendían el derecho de la mujer a la libre contratación del trabajo, a la huelga y a la jornada laboral de ocho horas.

Pero el proceso emancipatorio estaba incompleto si sólo se aspiraba a la liberación de los tiranos externos. No eran éstos en realidad los verdaderos opresores. La inhibición interna, los prejuicios, la moralidad tiesa y una religiosidad vacua y represiva, hacían que las mujeres tuvieran serios problemas para integrarse realmente en la construcción de un proyecto de liberación en que ellas mismas fueran sujetos y objetos del mismo.



Para Emma Goldman las mujeres eran más propensas a las supercherías morales y políticas de la sociedad burguesa, repleta de fetiches institucionales y espirituales que les impedían tomar en sus propias manos el proceso de su liberación interna. Por eso le parecía un insulto que se las hiciera creer que con el voto ganarían el derecho a la libertad y a la igualdad en las luchas civiles con los hombres. Si la propiedad era un robo, las mujeres no eran dueñas de sus propios cuerpos; si la religión buscaba dominar la mente humana, las mujeres eran los seres humanos más religiosos; si el gobierno pretendía controlar la conducta de las personas, las mujeres eran muy fáciles de manipular. En todo caso, la mayor aspiración de los anarquistas era devolverles a las mujeres el control sobre su propio cuerpo, su alma y su voluntad, cosa que también era el gran sueño de los varones que creían en la posibilidad de una sociedad donde las iniciativas, las esperanzas y los proyectos no tuvieran que pasar por la aprobación de una oficina de censura.



Pues bien, el feminismo de Emma Goldman se curtió en las luchas callejeras, en las prisiones y en los debates cotidianos contra hombres y mujeres también, que la vieron como un monstruo de la conspiración o como un ángel de la liberación. Ninguno de los dos enfoques es cierto. Pero sí estamos tratando con una mujer que tenía perfecta claridad sobre los objetivos políticos, culturales e ideológicos por los que estaba combatiendo. Tanto así como para atreverse a hablar de amor libre, en una sociedad y en un momento donde este tipo de consideraciones sólo podían ser hechas por varones, y no precisamente en su sano juicio.

Tomado de: “EL ANARQUISMO DE EMMA GOLDMAN (1869-1940) Y LOS LÍMITES DE LA UTOPÍA”. Rodrigo Quesada Monge

1 comentario:

Enana boicoteadora maldita dijo...

muy buen blog
me encantan tus articulos