lunes, 28 de septiembre de 2009

Un otro Salvaje



Todos fuimos víctimas de la campaña de domesticación. Nuestra inadecuada forma se vio confinada a los moldes dispuestos por la civilización. Esta forma ortopédica nunca fue suficiente. Acostumbramos el mirar hasta decirle “yo” al portento de prótesis resultante. Nuestro paisaje esta ordenado por la arquitectura de la amputación y en este páramo desolador, avergonzados, sentimos la noción de hogar como un lugar transitorio, siempre estaba en otro sitio.

Para el civilizado no hay aparato ortopédico, su forma es la adecuada y su belleza es “la universal”. Todo bien sazonado con el asunto de la contención de los dioses griegos y ese discurso de la legitimación eurocentrica de las bellas artes.

Los civilizados dijeron que el suyo era “el mundo”. Que la suya era “la historia”. Si te hablan de tu cultura es a la de ellos a la que se refieren, para las víctimas de su plan de domesticación solo folklore nos dejaron.

De su esfuerzo resulta un mundo y este que resulta es un mundo enfrentado, naturalmente la ira que atraviesa estas líneas es también una consecuencia de su labor civilizadora. El ellos y nosotros es tan cartesiano como lo es la razón y la guerra total. Todos sus productos.

¿Pero es, el infinito aparato de la domesticación un eficiente modelador? Todo civilizado reconoce al salvaje, por mas “educadito” que esté. Nosotros nos vemos como atroces muecas de su mundo a sus ojos. Nosotros que tenemos los ojos acostumbrados al canon también nos vemos como muecas. El infinito lamento del desarraigo.

Aún así tenemos esa raíz antigua, impura, múltiple. Una deforme vocación al desenfreno, que resiste hasta con la autodestrucción al orden y formalización de su mundo. Al vernos al espejo, la imagen que devuelve es la de un otro salvaje, inquieto. Advertimos con asombro de conquistador que el salvaje está tomando por asalto todo lo que las cajitas de categorías kantianas y números resonantes y áureos de la cumbre del saber, ha depositado en nosotros. Y si a nuestros ojos el salvaje que somos parece terrible… ¿cómo nos tendrán de miedo los agentes del orden civilizatorio?