lunes, 29 de junio de 2009

Receta para evitar golpes de Estado.



En Honduras; los poderes internacionales y su burguesía parasitaria local, refinan su guión y su receta.



Se repite una vez más la misma receta, el mismo guión, la misma historia; Nos repiten las mismas comiquitas en las televisoras locales y en las televisoras internacionales ponen la misma comiquita justificándolo de las maneras más descabelladas. Obama, como era obvio, resulta no ser tan distinto a Bush. Ese país sin nombre sigue siendo gobernado por las mismas corporaciones.


En el golpe de Honduras, esta vez le cortan la luz y le incomunican los teléfonos al pueblo para evitar una respuesta popular como la de Venezuela; Esta vez se llevan rapidito al presidente, no sea que el pueblo lo encuentre y lo rescate…

La misma receta, pero con algunos refinamientos; les clavan el ejército en la calle, al más puro Estilo de los gorilas del cono sur; pero tratan de “pisar” agazapadamente, para evitar problemas de opinión pública; en lugar de un Estadio universitario repleto de gente como en Chile; esta vez desaparecen selectivamente a personas clave…

Los Burguesía, nacional e internacional valiéndose una vez más de su perro guardián; el Ejército y el Estados; para detener procesos sociales…



Siempre que el proletariado intenta tomar el poder del Estado, o ya tendiéndolo intenta introducir cambios desde este, por timoratos que estos cambios sean, la burguesía tratará de impedirlo y para ello se valdrá de su arma favorita: El Estado.

Saldrán los gorilones militares a dar sus golpes de Estado y saldrán los mercenarios de la comunicación y demás corporaciones del engaño a aplaudirlos, avalarlos y justificarlos; incluso saldrán las jerarquías del monopolio de la “moral”, que son las iglesias, a santificarlos.



Así ocurrió en España del 36 ante la victoria del frente popular, así ocurrió en el Chile de Allende (y en general en prácticamente todo el cono sur), con Aristide en Haití, así intentó ser en Venezuela 2002; y así es en Honduras hoy en día.

El guión se ha ido refinando (digamos); pero sigue siendo exactamente lo mismo…

Lo ocurrido en Honduras nos demuestra que ningún ejército es confiable y que los Estados solo sirven para detener procesos revolucionarios.

Es labor fundamental de la revolución, abolir el Estado, he allí la única receta para evitarlos; que sea el pueblo organizado el que se encargue, de una vez por todas, de asumir directamente las atribuciones que actualmente el Estado usurpa, solo un pueblo organizado horizontalmente, sin jerarquías ni jefes, puede ser capaz de lograr una autentica y profunda transformación social y construir un verdadero mundo nuevo…

Si no queremos más golpes de Estado de la burguesía: Abolamos al Estado y con éste caerán los privilegios de la burguesía.

Organizados en asambleas populares, en consejos de trabajadores en sus fábricas, en consejos campesinos, estudiantiles y comunales por sector, confederados por región, por ramo de la industria y por necesidades comunes; seremos una poderosísima estructura horizontal, flexible, orgánica y creativa a la que sería imposible darle un golpe de Estado o donde se pueda secuestrar algún “presidente”…

¿A Cual Estado le darían un golpe si no habría Estado como tal?. ¿Qué militares?; no existe Ejército si el pueblo organizado controla directamente las armas. ¿A que presidente podrían secuestrar?, si no existe presidente, solo voceros rotativos de decisiones tomadas en colectivo y en comunidad…



¿Qué burguesía podría darnos un golpe?; Si el pueblo finalmente triunfa en la abolición del Estado asumiendo horizontalmente sus atribuciones, inmediatamente triunfará en la abolición del capitalismo; Pues el Estado, con sus leyes para santificar la explotación del hombre por el hombre, y sus policías, cárceles y jueces es el que mantiene ese antinatural e insostenible orden de cosas; donde una mayoría, única productora de la riqueza no la disfruta y se le niega el acceso a la misma; y una minoría parasitaria, que no produce nada, es la que usurpa y disfruta de dicha riqueza.



Organizados y confederados desde abajo, hermanados y trabajando colectiva y solidariamente, Solo así seremos garantía de la satisfacción de nuestras propias necesidades colectivas e individuales, solo así podremos garantizar una repartición justa de la riqueza, solo así podremos garantizar una auténtica transformación social.



Entonces la receta para las transformaciones sociales, la receta para evitar los golpes de estado, la receta para derrotar al capitalismo es una sola: El Poder Popular y la abolición del Estado.