martes, 9 de junio de 2009

Esa antena que se ve en el cerro.



El lugar donde ocurre lo que nos es común, no un sitio de representación, no la camisa de fuerza o la férula que trata de amoldar a otra forma nuestra forma propia. El lugar desde donde se alza no una voz, sino todas las voces y que se pronuncia en plural pero en propia carne, un “nosotros decimos” sentido hasta la tierra, nosotros sísmico: Nosotros las radios comunitarias

Orgulloso ese lugar lo corona la antena que se ve en el cerro. Y son muchas, las antenas comunitarias, libres, alternativas. Centros sociales de articulación y debate de ideas, puntos de encuentro y de lectura. Lugar de la gente con antenas erizadas, rebeldes. Erizo de la comunicación popular. Así son las radios comunitarias…

Desde abajo, desde adentro, desde lo más profundo, hecho con las uñas y con el corazón, haciendo que se escuchan las voces de los rebeldes, de los insumisos, de las comunidades; allí están las radios comunitarias.

Haciendo la guerrilla de la contra información, sembradoras de conciencia, voceros de las carencias, aspiraciones, sueños, propuestas y acciones de las comunidades, allí están las radios comunitarias.

Para romper el cerco informativo, para la construcción de un nuevo leguaje comunicacional, para hablar nuestro propio lenguaje; desde nosotros y para nosotros; impulsando el protagonismo de la colectividad, siendo ella misma locutor e interlocutor de sus propios mensajes, retroalimentando las experiencias, construyendo el poder popular e impulsando el socialismo revolucionario. Allí están las radios comunitarias.

Fuera de toda burocracia, de todo paternalismo político, de todo control y tutela; Abriendo brecha y haciendo la revolución, allí están las comunitarias.