domingo, 25 de febrero de 2007

EL ANARQUISMO: HISTORIA, GEOGRAFÍA Y VIDA


El anarquismo es una filosofía según la cual los individuos, las personas, las mujeres, los hombres o los que se identifiquen de otra manera: gays, lesbianas, travestis, transexuales, etc., deciden tomar su vida en sus propias manos y construir relaciones sociales igualitarias entre ellos, relaciones igualitarias que incluyen las formas cómo los seres humanos producen mercancías, viven en armonía con su medio ambiente y consumen las cosas necesarias para la existencia.

Así que no se puede decir, como estilan algunos dogmáticos, que el anarquismo tiene sus raíces en este o en aquel otro concepto separado de la persona. Realmente, el anarquismo es una filosofía pragmática. Se podría decir que forma parte de la escuela del Pragmatismo norteamericano pero esto requeriría zambullirse más en los textos, tanto anarquistas como pragmatistas.

Cualquier estudio somero de los congresos de anarquistas a lo largo de la historia, y en diversos sitios, nos permitiría asegurar que juega un gran papel tanto el temperamento como el carácter, y, en general, todos esos componentes característicos de los seres humanos, en muchas de los acuerdos, desacuerdos, escisiones o uniones. Incluso en los debates entre anarquistas estos detalles personales tienen cabida y juegan un protagonismo innegable.

El anarquismo no puede desligar al sujeto del colectivo. Al contrario, es una de las pocas filosofías andantes que permiten soldar al individuo con la sociedad, a la persona con el colectivo. La otra es el budismo. Y la otra, más lejana aún, es el taoísmo. Pero no me voy a meter con esas corrientes porque ni domino ni el chino ni el japonés ni el coreano ni el vietnamita.

El anarquismo surge como respuesta nihilista al imperio de la Razón, pero, al mismo tiempo, como repuesta racional al Nihilismo. El anarquismo trata de ser, en realidad, una filosofía que compensa la hybris, es decir, la desmesura que pierde a los hombres y mujeres, porque, como dijo Eurípides, “cuando los dioses quieren perder a los hombres los vuelven locos”.

Si bien los anarquistas no son esclavos de la historia como los marxistas, no la ignoran. Pero en esa misma dinámica de la vida rebelde o de la vida de los rebeldes lo importante para el anarquista es la geografía, como lo adivinó Reclús, y la gran creación del movimiento anarquista fue la Federación Local. No tanto la de sindicatos sino la de individuos.

Esas federaciones locales fueron en cierto tiempo “federaciones obreras”. En cada pueblo, en cada aldea, la federación obrera permitía a los anarquistas filosóficos tomar contacto con la multitud de los rebeldes sin perspectivas. Por eso el movimiento anarquista incorporó tantas fichas del lumpenproletariado y del proletariado bajo, eran los únicos que nada tenían que perder, salvo sus cadenas, con la revuelta, con la rebeldía o con la revolución. Incluso, el artista, el arte lumpenproletario es ácrata.

En la “aristocracia obrera” el anarquismo tuvo poca suerte. No sé qué pasa hoy día porque ando desconectado de las entidades obreras anarquistas. Pero es evidente que la protesta anarquista debía de alzarse en Oaxaca y que la quietud de Chiapas es, respecto a Oaxaca, desesperante. Que no desesperanzadora. Así como hoy en día los anarquistas apoyan, por ejemplo, a los mapuches del sur, asimismo habría que examinar por qué no somos la primera fuerza ideológica –quizá lo somos y ni nos hemos enterado- en México, D.F., la ciudad más grande del mundo después de Tokio.

El anarquismo ha sido asesinado en muchos sitios y en muchas épocas. Pero el clásico estallido de ¡A las barricadas! sigue causando estupor en el ambiente del siglo XXI. Carajo, que ni en Macondo ni en Oaxaca el anarquismo no ha muerto. Por lo que he luchado toda mi vida, por el anarquismo, no ha muerto. ¡Viva el anarquismo!

Floreal Castilla.-
Venezuela, 29 de Diciembre de 2006.-