viernes, 27 de febrero de 2009

27F:: Rebelión Popular



El 27 de Febrero de 1989 estalla en Venezuela la rebelión popular que cambiaría más tarde la historia política del país.

El pueblo salió a la calle en respuesta al paquete de medidas neoliberales que se imponían desde el FMI. A escasos días de la toma de posesión del infame ex presidente Carlos Andrés Pérez, este anunciaba su paquete de medidas al país y el país no tardaría en pronunciarse al respecto.

Con el aumento de la gasolina y el de todos los productos llego la desesperación a un pueblo que se le agotaba ya su paciencia a punta de hambre y miseria en la rica Venezuela.

Lo que no aumentaba, era acaparado por los comerciantes para especular con el precio; la escasez y el encarecimiento (propios y naturales del capitalismo) hicieron su efecto en la población…

La explosión social no se hizo esperar, el pueblo se reveló y salió, más allá del anarquismo, en anarquía pura, a recuperar los alimentos y los bienes que le son sistemáticamente negados…



El pueblo, aboliendo la autoridad y la propiedad, salio a hacerse de lo que ellos mismos producen pero el capitalismo les expropia.

Autoorganizadamente y sin líderes ni dirigentes, sin más convocatoria que la de su rabia, tomaron las calles, tomaron los alimentos y los bienes y acabaron para siempre con esa Venezuela de las apariencias, esa Venezuela de mises, vitrinas y aparadores y su falaz promesa de una prosperidad de cotillón.



La rebelión fue combatida a sangre y fuego; como es natural en el capitalismo se impuso una vez más, la sacrosanta propiedad privada sobre el derecho a la vida, se suspendieron las garantías, el ejército salió a la calle; y con armas de guerra se masacró al pueblo hambriento. Aún hay bloques con cicatrices que nos cuentan una historia de horror.



Miles de muertos rebasan la capacidad de la morgue, el hedor de los cadáveres se esparce por la ciudad; fosas comunes que aún hoy son encontradas nos relatan un testimonio macabro.

Como si la rebelión hubiese sido organizada por alguna izquierda, se desata una ola de
Allanamientos. Agentes policiales asesinan a líderes comunitarios y luchadores sociales en sus propias casas en una suerte de inútil venganza del Estado.



El cinismo de esa clase política alcanza su clímax en la histórica editorial del canal RCTV; Con su presidente (hablando de “reelecciones continuas”) Eladio Lares que sobre un charco de sangre declara que “el país ha retornado a la normalidad”

Refiriéndose a que han pasado el susto y pueden seguir acumulando sus bienes, lucrándose a costillas de la esclavitud del pueblo en la próspera Venezuela.



Todos cómplices de la masacre; los medios de comunicación siempre siendo los declarados enemigos del pueblo.

Es asqueroso ver el respeto con el que los periodistas trataban a los criminales de esa clase política, solo comprensible si se tienen en cuenta que representaban y representan los mismos intereses…



Verlos callarse en ese entonces y celebrar la masacre como “un retorno a la normalidad” y verlos ahora venderse como paladines de los derechos humanos porque se les hecha lacrimógeno a los malcriados hijos de la burguesía que en sus pataletas de supuesto “movimiento estudiantil” intentan incendiar el cerro el Ávila; es todo y una misma sensación de nauseas.



Es la misma clase política cubriéndose una vez más las espaldas, siendo una vez más los enemigos de los hijos del pueblo…

Algunos desmemoriados acólitos del “prohibido olvidar” que aplauden esos medios y esa caduca clase política pareciesen no recordar la masacre y lo que la originó; pareciese que olvidaron cuando aquí se comía perraharina en los ranchos mientras las barraganas tenían sus gastos “cubridos”…



Algunos conservadores y retrógrados quisiesen regresar a esa Venezuela; pero esos asesinos más nunca volverán…



…Y si volviesen, tengan la seguridad que la respuesta popular no se hará esperar, como no se hizo esperar el 27 de febrero de 1989 ni el 13 de abril del 2002. Esperamos que la próxima vez que salgamos no sea solo por lo que todos producimos y nos es negado, sino por los mismos medios de producción y por la colectivización del poder político.