viernes, 22 de marzo de 2013

Victoria Popular: ¡Las Calles son del Pueblo!


Ni pasarán, ni volverán.



El Jueves 21 de Marzo el movimiento popular organizado se auto convocó para resguardar el CNE de las payasadas de los hijos de la burguesía y para dar por iniciada la CAPHUCHA, Campaña Popular Hugo Chávez. Sin embargo los manitos blancas, los hijos del privilegio, los pupilos de los teóricos del egoísmo, salidos de las colinas de las cumbres de alto arriba y de las más exclusivas y excluyentes urbanizaciones del Este del Este,  no pudieron pasar  tan siquiera al centro de la ciudad; El pueblo, espontáneo y auto-organizado se los impidió. Obreros, moto-taxistas, buhoneros, trabajadoras y trabajadores que hacen vida en la zona, secretarias y transeúntes, se unieron contra el afán de sabotaje de los privilegiados estudiantes de las costosas universidades privadas y privativas.


Como si fuese un 27 de febrero en miniatura, como si fuese un pequeño 13 de abril, los hijos del pueblo se plantaron en espontánea barricada y en un solo grito dijeron: ¡El Fascismo no Pasará!

…Y el fascismo no pasó. Como en un desierto, las organizaciones y colectivos del movimiento popular se quedaron en las puertas del CNE, a la espera de consentidos niños ricos y de sus arrebatos de malcriadez. Sin embargo no se les vio ni en el horizonte. Los estudiantes manitos blancas, los hijos de los patronos, en sus incursiones turísticas al centro de la ciudad se toparon con un dique infranqueable de colores democráticos, un pueblo consciente, caribe, cimarrón y rebelde; un pueblo que está harto de los atropellos y de los abusos de la burguesía. Un pueblo con autoestima que vuelve a afirmar como decía en 1814 “Este pueblo esta aíto de marqueses y pelucones”

Desde las diez de la mañana, diversas organizaciones del movimiento popular habíamos comenzado a hacer presencia en la Plaza El Venezolano, para luego movilizarnos hasta las instalaciones del CNE con el objeto de frenar cualquier acto de sabotaje y show mediático autocompasivo que nos pudiese tener preparado el departamento de Estado de U$A por medio de sus cusurros teledirigidos, los hijos del mantuanaje, los aspirantes a amos, los herederos del valle, ajenos habitantes de las colinas más encumbradas, los estudiantes manitos blancas…


Pero el movimiento popular se quedó tan solo en la compañía de funcionarios y policías. Los manos blancas nunca pudieron llegar a la cita. Nos quedamos a su espera. Los manos blancas, aventurándose en una ciudad que les resulta tan ajena como ellos le resultan a la ciudad, se encontraron con un muro de mil rostros, esas delicadas manos blancas que nunca han trabajado, se toparon con manos trabajadoras, las manos agrietadas y callosas de los pardos, los zambos, los mulatos, los negros y los indios, manos laboriosas y rebeldes que están dispuestas a ser libres, manos de quilombo y cumbe que no se dejarán encadenar nuevamente.

En las afueras del CNE se agitaban las consignas. “A Estudiar, a Estudiar, el que no estudie a manos blancas va a parar”. En la calle se agitaban los ánimos. “¡Que no se equivoquen, que estamos de a toque!”



Pero ejercitamos un poco la memoria de las luchas de los estudiantes. Repasemos la historia reciente. En los años 80 y 90, lo recuerdo bien, cuando el movimiento estudiantil salía a protestar, que lo hacía por reivindicaciones concretas, tenía que enfrentar a la policía, no al pueblo. Los burgueses permanecían en sus casas mientras los pobres luchaban en las calles sin salir en la tele. Entre gas lacrimógeno y perdigones con clavos, entre balas de armas cortas y largas, cargando con sus muertos y heridos, con sus desaparecidos y torturados, el movimiento estudiantil de ese entonces se abría paso en sus protestas…

Hoy en día, ciudad y tiempo de locos, los ajenos hijos de la burguesía, salen alentados por todos los medios privados de comunicación a montar su pataleta ante el temor de ver sus intocables privilegios desplazados. La Policía no los reprime, los protege. La policía se ve obligada a formar piquetes y barricadas para defenderlos y mantenerlos prudentemente separados de la risa, la rabia y el dolor de los hijos del pueblo. La policía tiene que escoltarlos de un pueblo que se deslastra de sus viejos amos y de sus herederos hijos, de un pueblo que no los quiere ni los soporta; Este pueblo en revolución, pueblo resteado y en pié de lucha, que se les planta y les dice fuerte y claro: ¡NO PASARÁN!

Con el rabo entre las piernas, los burgueses retornaron derrotados a sus lujosas urbanizaciones y sus privilegios. Mientras en las calles del pueblo lo que se escucha es un solo grito: ¡Victoria popular! ¡Ni Pasarán Ni volverán!